El Cáncer, una enfermedad de nuestros dias

Síntomas polares: Inflamacion y Tumor

Numerosas enfermedades se atribuyen a dos grandes grupos de afecciones que se distinguen por la inflamación o por la formación de un tumor. Aquí nos limitaremos a recordar algunas evo-luciones típicas y signos característicos propios de esta enfermedad. Una análisis superficial de la afección, ya muestra que se trata en esos tipos de enfermedades, de verdaderas polaridades.


Conciencia y procesos de movimiento

Cada inflamación está acompañada de un incremento de la conciencia en el sitio del cuerpo afectado, como se revela en el dolor o la irritación cutánea. Por el contrario un tumor se desarrolla frecuentemente de forma inadvertida sin la advertencia del síntoma del dolor.

Las inflamaciones tienden a desagregar las estructuras existentes. Aquí participan todas las fuerzas del organismo, de igual manera que también forman parte en la digestión de los ali-mentos. Los órganos de la digestión conducen la descomposición de los alimentos que, en tanto de sustancia extraña, tiene que ser completamente reducida y transformada.

En ambos casos, la temperatura corporal se encuentra estimulada y aparecen procesos de movimiento (en la masticación, la deglución y los movimientos peristálticos en los procesos digestivos). Se realiza la descomposición en un medio líquido, y finalmente, la separación de lo reabsorbible y de lo inutilizable que debe ser eliminado. - Por su parte, en los procesos inflama-torios se puede pasar del rubor quemante, de la inflamación dolorosa, a la supuración, para alcanzar la cicatrización y el restablecimiento de la componente orgánica original.

En la formación de tumores asistimos a otro proceso. Aquí encontramos un aumento de la actividad constructora. Se forman tejidos nuevos que al final sobrepasan los límites del órgano y modifican su aspecto. La enfermedad escapa al control del YO humano que rige la organización global del ser, se vuelve finalmente autónoma sin que el cuerpo pueda asumir o incorporar ese acontecimiento en su totalidad.


La organización del YO humano y el desarrollo de la enfermedad

Como en la supuración durante una inflamación local, mediante la eliminación del pus, implica una curación, de igual forma en la aparición de un tumor -siempre que actúe como un tumor benigno- la curación puede sobrevenir cuando las leyes biológicas reaccionen de manera uniforme, en otras palabras, cuando las leyes biológicas permanezcan sometidas a la organiza-ción del YO. Una inflamación violenta o una enfermedad con fiebre alta pueden desencadenar la eliminación de un tumor o provocar un enquistamiento que lo endurece y envuelve con una cápsula de tejido conjuntivo.

No obstante el tumor se comporta de manera diferente cuando escapa al gobierno de la organización del YO. Al igual que nuestros actos se pueden volver inmorales si no están gober-nados por nuestro sentido de responsabilidad, este tipo de enfermedad está calificado por un adjetivo de connotación moral -se habla de una tumoración maligna- en la medida que la organi-zación del YO deje de hacer valer su influencia conformadora.

Existe un ámbito orgánico donde la actividad de la organización del YO no se ejerce durante un cierto lapso de tiempo, y es por una razón fisiológicamente sana: se trata de la matriz durante el embarazo. Esto permite que allí se desarrolle otro ser, provisto de su propia individua-lidad orgánica.

La formación de tumores malignos presupone que ya no es posible la individualización del organismo vital, bajo el efecto de la organización del YO, y por tanto ésta ya no puede actuar completamente en todo el cuerpo.

La aparición del estado inflamatorio revela una individualización demasiado fuerte de partes aisladas del organismo humano. Ese elemento físico que existe a causa de una interven-ción demasiado profunda de la organización del YO, es destruido, eliminado y evacuado, como en la formación de un absceso. Con la aparición del Cáncer, la organización del YO retrocede. En su fase preliminar esto se nota, por ejemplo, en la hipotermia o también por la incapacidad de experimentar enfermedades febriles porque, en efecto, es mediante la temperatura sanguínea que el Yo se encarna y abraza al organismo.



Puntos de vista respecto a terapia y profilaxis

Comprender la polaridad entre la inflamación y la formación de tumores también puede conducir a aspectos terapéuticos y profilácticos. Si para la prevención de enfermedades inflama-torias se debe dirigir la atención ante todo hacia los procesos de digestión y eliminación, para las enfermedades tumorales se debe prestar atención a la temperatura del paciente. Este calor tiene una componente física propia que puede ser producida y sostenida mediante un ejercicio físico suficiente. El aspecto psico-espiritual de la temperatura humana sólo puede ser evocado en este contexto a través de elementos como la simpatía, el interés y el entusiasmo.

Con la aplicación a la enfermedad de estas consideraciones fundadas en la noción de polaridad, extraídas de un conocimiento del hombre ampliado por la ciencia espiritual, también se puede abrir el camino a principios terapéuticos. Aunque en la actualidad la medicina oficial los considere como métodos marginales, es cierto que permitirán en un futuro ir más allá de un conocimiento del cáncer basado únicamente y de forma unilateral sobre las ciencias naturales.